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Las Reformas Borbónicas en el Perú

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Las reformas económicas, políticas y administrativas en el Perú del Siglo XVIII

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Jueves, 09 de junio de 2005

LAS REFORMAS BORBÓNICAS

Por: Arturo Gómez Alarcón

Se denomina así al conjunto de grandes cambios económicos, políticos y administrativos que impulsaron los reyes borbones de España, durante el siglo XVIII, para la metrópoli y sus colonias.




Estas reformas fueron iniciadas por Felipe V (1700-1746), continuadas por Fernando VI (1746-1759) y desarrolladas principalmente por Carlos III (1759-1788). Los objetivos fueron, básicamente, recuperar la hegemonia comercial y militar de España, y explotar y defender mejor los ingentes recursos coloniales.



Las Reformas Borbónicas y las colonias en América

El fuerte incremento de la población colonial durante el siglo XVII creó nuevas necesidades y problemas que los monarcas habsburgos no pudieron resolver. La lentitud y la corrupción administrativa caracterizaban la administración colonial. Las potencias rivales, Inglaterra y Portugal, se expandían impunemente e inundaban Sudamérica con mercancías de contrabando. A todo esto hay que añadir el excesivo poder que habían adquirido la aristocracia criolla y el clero, quienes se atrevían a desafiar las disposiciones reales que llegaban al Virreinato del Perú.



Los reyes borbones, principalmente Felipe V y Carlos III, emprendieron la colosal tarea de renovar la vieja estructural colonial que habían dejado los habsburgos. Apoyados por ministros y asesores ilustrados llevaron adelante las famosas Reformas Borbónicas.

Los borbones implementaron nuevas unidades administrativas en América. Crearon virreinatos, como Nueva Granada y Río de la Plata; capitanías, como Venezuela y Chile; y comandancias como Maynas. En 1784 se suprimieron los corregimientos y se implantó el sistema de intendencias, buscando mayor eficiencia en los gobiernos locales. De esta manera se consiguió mejorar la explotación de las riquezas coloniales y la recaudación tributaria.



Los borbones hicieron grandes esfuerzos por contrarrestar la hegemonía comercial y marítima de potencias rivales como Inglaterra y Holanda, prósperos países impulsados por la Primera Revolución Industrial. El proyecto borbón contempló la renovación del sistema mercantil para que sus colonias sean proveedoras eficientes de materias primas y consumidoras de las manufacturas españolas. La Corona apoyó a la burguesía penínsular favoreciendo la industria y protegiendo sus mercados. En este contexto se fue liberalizando el comercio entre los puertos españoles y americanos, lo que se consagró cuando Carlos III dio el decreto de Libre Comercio en 1778.

Esta política debía complementarse combatiendo el contrabando y mejorando la recaudación fiscal a favor de la metrópoli española. Esto provocó fuertes tensiones y guerras principalmente contra los poderosos ingleses y lusitanos.



Los conflictos contra los contrabandistas y corsarios británicos, holandeses y portugueses hizo necesario un mayor presupuesto para la armada, el ejército y las milicias. También se construyeron poderosas fortalezas y murallas para defender los principales puertos y ciudades de las colonias. El más importante ejemplo fue la construcción de los castillos del Real Felipe en el Callao.

El reformismo borbónico privilegió a los españoles europeos, “los chapetones”, en el acceso a los principales puestos de confianza en el aparato burocrático. Esto fue un duro golpe para la aristocracia criolla, pero el despotismo de los borbones reprimió duramente todo intento de resistencia.



Una de los instituciones afectadas por el despotismo ilustrado español fue la Iglesia Católica. La Corona pretendió afirmar el poder secular sobre el religioso. Esto incluía la restricción de los privilegios y exoneraciones fiscales que gozaban las ordenes católicas. Fueron los jesuitas los que más se opusieron al proyecto centralizador de los borbones, es por ello que fueron expulsados de España y sus colonias en 1767.


EL REINADO DE FELIPE V (1700-1746)



Durante los siglos XVI y XVII gobernaron España, los monarcas de la Casa de Habsburgo ("los austrias"). El último de estos fue Carlos II "el hechizado", quien murió sin dejar descendencia; antes de morir cedió los derechos al trono a su sobrino Felipe, el Duque de Anjou, un nieto del Rey Luis XIV de Borbón, el poderoso Rey Sol de Francia.




LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA

El reinado de un borbón en España rompía el equilibrio geopolítico en Europa. Potencias como Inglaterra, Portugal y Austria no se resignaban a que Francia tenga tanta influencia sobre España y alentaron al Archiduque Carlos de Habsburgo para tomar el poder. La guerra estalló en 1702 y tuvo varios frentes. Francia utilizó todos sus recursos para sostener a Felipe V en el trono español.



Después de una década de guerra, la Corona Británica se mostró dispuesta a terminar una guerra que la agotaba económicamente y que causaba gran descontento en su población por la elevación de impuestos que sufría, por ello firmó en 1711 con Francia los preliminares de paz, en los que reconocía a Felipe V como rey de España. El agotamiento de los bandos en conflicto aceleró la firma de la paz definitiva en el famoso Tratado de Utrecht de 1713. Sus principales acuerdos fueron:

Inglaterra conserva Menorca y Gibraltar, ocupadas durante la guerra (cedidas por España), Nueva Escocia, la bahía de Hudson y Terranova (cedidas por Francia), la isla de Saint Kitts en el Caribe, el derecho de Asiento de negros (un monopolio de treinta años sobre el tráfico de esclavos negros con la América española) y el Navío de Permiso (concedidos por España).



Portugal obtiene la devolución de la Colonia del Sacramento (Uruguay), ocupada por España durante la guerra.

Austria obtiene los Países Bajos españoles, Milán, Nápoles y la Isla de Cerdeña (cedidos por España). El Archiduque Carlos de Austria, ahora emperador, renuncia a cualquier reclamación del trono español.

Felipe V obtiene el reconocimiento como rey de España por parte de todos los países firmantes en tanto que renuncia a cualquier derecho al trono francés, España conserva sus posesiones americanas y asiáticas.

La potencia más beneficiada con este Tratado fue Inglaterra que además de sus ganancias territoriales, obtuvo grandes ventajas económicas que le permitieron romper el monopolio comercial de España con sus colonias. Además, pudo contener las ambiciones territoriales y dinásticas de los borbónes franceses.



PRINCIPALES REFORMAS EN EL REINADO DE FELIPE V

Este reinado se puede dividir en dos etapas. La primera (de 1700 a 1724) de fuerte influencia francesa e italiana; y la segunda (de 1724 a 1742) de gran protagonismo de estadistas y ministros españoles.

En el primer periodo se vivió los dificiles años de la Guerra de Sucesión Española. Aún así, gracias al gran apoyo de su esposa y regente María Luisa de Saboya, se inició la renovación cultural en España; se fundó la Librería Real ( después Biblioteca Nacional), la Academia de la Lengua y, más tarde, las de Medicina e Historia.

Tras la muerte de su primera esposa, María Luisa de Saboya, adquirió protagonismo el Cardenal Julio Alberoni, quien impulsó la reorganización de Estado con el objetivo de fortalecer el absolutismo real; se abolieron viejos privilegios feudales, se centralizó la administración, otorgándose mayor poder al Rey.



En el aspecto económico, se restauró la Hacienda y se protegió a la burguesía buscando el crecimiento de industria nacional. En este sentido se implementó una política económica fuertemente proteccionista. El impulsó a la producción nacional se reflejó en la creación de una Real Fábrica en Guadalajara para fabricar tejidos de lujo que llegó a contar con varios centenares de telares y unos miles de trabajadores. Se estimuló el comercio interior, suprimiendo las aduanas internas, y se impulsó al comercio exterior trasladándose en 1717 la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, cuyo puerto ofrecía mejores posibilidades al calado de los buques.

En el aspecto militar, reorganizó la milicia dotándola de disciplina, buscando la profesionalización de sus miembros, estableciendo una sólida jerarquía en los cuadros y un método de reclutamiento obligatorio entre la población nacional. La Armada se fortaleció con la construcción de una base naval en Ferrol, mejorando la infraestructura portuaria de importantes ciudades, construyendo numerosos barcos y activando las industrias auxiliares de la navegación.



En enero de 1724, Felipe V abdicó a favor de su hijo Luis I, sin embargo, la prematura muerte de éste, en agosto del mismo año (víctima de la viruela), le obligó a ocupar el trono nuevamente.

En la segunda parte de su reinado destaca el papel desempeñado por los ministros españoles. Entre ellos, los ilustrados: José Patiño, político, diplomático y economista; José del Campillo, hacendista; y, luego, el marqués de la Ensenada, gran político y magnífico planificador de la economía.

Con estos eficientes colaboradores se acentuó este proceso de reconstrucción nacional: se expandió la flota, mercante y de guerra; se reactivó el comercio, nacional y colonial, y se siguió protegiendo la industria nacional. Para el suministro de materias primas se crearon varias compañías comerciales con América y se persiguió severamente el contrabando.


REY FELIPE V DE ESPAÑA


EL VIRREINATO DEL PERÚ DURANTE EL REINADO DE FELIPE V



El ascenso de Felipe V a la corona española trajo consigo, en primer termino, un fuerte intercambio comercial con Francia. En 1701, el Rey autorizó la apertura de los puertos hispanos a los navíos franceses.

En 1705 llegó a Lima Manuel de Oms y Santa Pau, marqués de Castell dos Rius, el primer Virrey enviado por los borbones al Perú. Hasta 1710 gobernó este Virrey que al permitir la presencia de naviós franceses en el Callao, encontró gran resistencia del Tribunal del Consulado, cuyos miembros acusaron al Virrey de fomentar el contrabando.

Según el historiador Jonh Fisher, los franceses saturaron el mercado local con miles de toneladas mercancías que desembarcaban por Pisco, sin pagar almojarifazgo. Esto con el aval del virrey que tenía familiares involucrados en las empresas contrabandistas.

A semejanza de las famosas academias francesas, el Virrey Castell dos Rius, amante de la poesía y el teatro, fundó una Academia Literaria en 1709, la misma que funcionaba en el propio palacio de Lima. Entre los contertulios amigos del Virrey estaba el prestigioso erudito criollo Pedro Peralta y Barnuevo.




En 1710 asumió el poder Don Diego Ladrón de Guevara, Obispo de Quito, pues su nombre figuraba en el Pliego de Providencia (llamado tambien Pliego de Mortaja), traido por el virrey anterior. Durante este gobierno llegó la noticia de la firma del Tratado de Utrecht (1713) que ratificó a Felipe V como Rey de España y permitió la llegada de los Navíos de Permiso con 500 toneladas de mercadería británica a la Feria de Portobello, perteneciente al Virreinato del Perú.

En 1716 inició su gobierno Don Carmine Nicolás Caracciolo, Príncipe de Santo Buono. Este Virrey recibió la noticia de la creación del Virreinato de Nueva Granada en 1717, con lo cual se segregaban al Perú las audiencias de Bogotá, Quito y Panamá. Su duración fue efímera pues a los pocos meses su corte fue desmantelada y sus territorios volvieron a jurisdicción del Virreinato peruano.



En 1720 llegó a la Lima el Virrey Diego Morcillo, Arzobispo de Charcas, quien gobernó sin mayores sobresaltos hasta 1724 en que tomó el poder José de Armendáriz, marqués de Castelfuerte. Este Virrey era un experimentado militar y su nombramiento obedece precisamente a los planes de defensa y paz colonial que impulsaron los borbones en el siglo XVIII. La carrera militar se convirtió en un requisito para el nombramiento de los virreyes, principalmente desde 1745.

El marqués de Castelfuerte fortificó todos los puertos del virreinato, incrementó las tropas. Asimismo, pudo derrotar diversas rebeliones como la de los indios de Cochabamba y la del criollo José de Antequera en el Paraguay.



En 1735 la corona española creó el sistema de Navíos de Registro, autorizando que españoles e ingleses comercien con los puertos españoles de América por iniciativa propia. El único requisito era pagar los derechos aduaneros (almojarifazgo) en el puerto de Cádiz. En la práctica se suprimía el sistema de flotas y galeones y se derrumbaba la famosa feria de Portobelo.

De 1736 a 1745 gobernó el Perú Don José Antonio de Mendoza, marqués de Villagarcía. Sucesos importantes marcaron este periodo. En 1739 estalló una guerra con los ingleses en el Mar Caribe. Ante la grave situación el Rey Felipe V decidió restablecer inmediatamente el Virreinato de Nueva Granada. Aparte de Bogotá, Quito, Panamá y Venezuela, se anexaron al nuevo virreinato los territorios peruanos de Maynas, Jaen, Tumbes y Guayaquil.



En 1741 llegó una poderosa escuadra británica al mando del corsario George Anson. Los invasores saquearon e incendiaron Paita. Al año siguiente miles de nativos ashánincas y shipibos se sublevaron en el Gran Pajonal (Selva Central). Su líder era Juan Santos Atahualpa quien pretendía expulsar a los españoles y restaurar un gobierno incaico para el Perú. Las fuerzas del virrey no pudieron derrotar a los rebeldes.



El siglo XVIII también se caracteriza por el impulso a las expediciones científicas auspiciadas por los reyes borbónicos. Una de las más importantes fue la que encabezó el sabio francés Carlos María de la Condamine.

Cosmógrafos, naturalistas y etnólogos integraron el equipo que llegó al Perú en 1737, entre quienes se encontraban dos ilustrados españoles: Jorge Juan y Antonio Ulloa. Ellos tenían la misión de elaborar un informe con los pormenores de la desorganización colonial, corrupción de los funcionarios y comercio ilegal que caracterizaban al Virreinato. El informe fue publicado más tarde con el título de "Noticias Secretas de América".



En 1746 murió el Rey Felipe V. Pocos meses antes había nombrado como nuevo Virrey del Perú a José Antonio Manso de Velasco.

REINADO DE FERNANDO VI (1746-1759)

Este monarca continuó la política de su padre, de reorganización política y administrativa de España. Su principal ministro fue el eficiente marqués de la Ensenada.

Este reinado se caracteriza por su pacifismo. Se mantuvo neutral en medio de diversos conflictos de aquellos años. Tal vez lo más trascendental fue la firma del Tratado de Madrid (1750) con Portugal, por la cual solucionaron provisionalmente conflictos de la región amazónica. Portugal renunció a la colonia de Sacramento (Uruguay) a favor de España, que cedió vastos territorios guaraníes colonizados por los jesuitas.

Otros hechos dignos de mención son: la fundación de la Academia de Bellas Artes y el impulso a la ampliación de los puertos y la construcción de barcos.

Fernando VI falleció el 10 de agosto de 1759 sin dejar descendientes; entonces fue coronado su hermano Carlos III.



Mientras reinaba Fernando VI, en el Perú gobernó el virrey José Antonio Manso de Velasco, conde de Superunda (1745-1761). Éste era un experimentado y enérgico militar que antes de venir a Lima ejerció el cargo de gobernador de Chile durante siete años.

El 28 de octubre de 1746 Lima sufrió un devastador terremoto que ocasionó la muerte de 10000 personas. Además, el Callao fue arrasado por un tsunami que provocó la muerte de casi todos sus 5000 habitantes; sólo sobrevivieron 200 personas.

Arduos fueron los trabajos de reconstrucción. Cientos de palacios, iglesias y casas fueron destruidos. El matemático Luis Godín, de la Academia de Ciencias de Paris, elaboró los nuevos planos de las nuevas edificaciones de la capital. Para el Callao, Godín diseñó un gran ciudadela militar. Su construcción fue iniciada en 1747 y fue bautizada con el nombre de Fortaleza del Real Felipe.



Durante este prolongado gobierno se continuó la lucha contra Juan Santos Atahualpa, hasta la misteriosa muerte del Inca en 1756. El Virrey también reprimió enérgicamente a los indígenas y mestizos alzados en Huarochiri, en 1750.



En 1759 murió el rey Fernando VI. El nuevo monarca, Carlos III, en 1761 nombró como nuevo Virrey del Perú a Manuel Amat y Juniet.


EL REINADO DE CARLOS III (1759-1788)




Carlos III tenía experiencia de gobierno, pues había sido Rey de Nápoles. Al llegar al trono español se instaló con una corte de ministros y asesores de origen italiano, entre quienes destacaba el marqués de Esquilache. Más tarde se rodeó de eficientes ministros ilustrados españoles como Aranda, Campomanes y Floridablanca.

El nuevo monarca llegó a Madrid dispuesto a iniciar grandes reformas modernizadoras. Su gobierno tuvo el espíritu característico del Despotismo Ilustrado, por lo tanto tuvo que enfrentar la resistencia de la aristocracia y el clero. Su carácter enérgico y el apoyo de la burguesía y los intelectuales ilustrados permitieron llevar adelante el proceso reformista.

Carlos III restringió viejos privilegios feudales, dividió latifundios, repartió tierras comunales, construyó canales de regadío y liberó el comercio y las aduanas. Apoyó la industria privada e impulsó la navegación y el comercio con las colonias americanas. La burguesía fue favorecida, también, con la creación del Banco de San Carlos y la creación de la Orden del Sol.

El proceso reformista afectó los intereses eclesiásticos, ya que el clero poseía grandes latifundios y tenía estrechos vínculos con la vieja aristocracia feudal. Carlos III buscó el nombramiento de nobles y religiosos abiertos a las reformas. En este contexto decretó la expulsión de la Compañía de Jesús. Los religiosos jesuitas y su poderosa clientela, educada en los colegios de la orden, controlaban gran parte del poder administrativo tradicional y eran firmes opositores de las reformas ilustradas.

La investigación científica y la difusión de los nuevos conocimientos recibió gran impulso de este monarca y sus ministros. Esto contribuyó a renovar la mentalidad de los españoles. Viejas costumbres y supersticiones fueron combatidas; España debía modernizarse y esto sólo era posible extendiendo la educación, alentando el desarrollo de la ciencia.



Con respecto a las colonias, Carlos III emprendió una serie de reformas destinadas a racionalizar la administración, liberalizar el comercio, incrementar la recaudación de rentas y mejorar las defensas.


EL VIRREINATO DEL PERÚ EN EL REINADO DE CARLOS III

El rey Carlos III puso especial interés en renovar el sístema administrativo de las colonias. El Virreinato del Perú sufrió importantes cambios que conmocionaron a sus habitantes y provocaron la rebeldía miles de indígenas, mestizos y criollos afectados. Las reformas de mayor trascendencia fueron: la creación del Virreinato del Río de la Plata (1776), el decreto de Libre Comercio (1778) y las reformas fiscales del visitador Areche (1778-1780).

Además, las reformas carolinas reforzaron la presencia hispana en la alta burocracia estatal. El predominio criollo en la maquinaria estatal llegó a su fin. La corona los relegó gradualmente en el acceso a las audiencias, gobernaciones, corregimientos y las fuerzas armadas; favoreciendo a los "chapetones" de rango militar.


GOBIERNO DEL VIRREY MANUEL AMAT Y JUNIET (1761-1776)



El Virrey Manuel Amat continuó la reconstrucción de Lima. Su objetivo era convertir a la capital del Perú en una de las ciudades más hermosas y seguras de América.

Los principales monumentos arquitectónicos ordenados por el Virrey tuvieron como modelo el estilo rococó, muy en boga en Francia del siglo XVIII. Entre las obras más destacadas tenemos a la plaza de toros de Acho, el paseo de Aguas, un coliseo de gallos, la alameda de los Descalzos, el convictorio de San Carlos, la iglesia de las Nazarenas y las torres de la iglesia de Santo Domingo. En el Callao se culminó la impresionante fortaleza del Real Felipe. La renovación urbana de Lima incluyó la construcciones de bellos cafés y nuevos hospitales.

En 1767 llegó la orden de expulsión de los jesuitas del Perú. Fue una Pragmática Sanción decretada por el Rey Carlos III, ésta se cumplió el 9 de setiembre de 1767. Todas la propiedades de los religiosos expulsados pasaron a poder de la Real Junta de Temporalidades, institución que remató gran parte de los bienes. Al clausurarse los colegios jesuitas, Amat fundó el Real Convictorio de San Carlos y construyó un bello edificio para su sede. Esta institución educativa alcanzó gran prestigio durante el rectorado de Toribio Rodriguez de Mendoza.



No se puede dejar de lado la famosa relación amorosa del sexagenario Virrey con la joven y bella actriz Micaela Villegas, con quien tuvo un hijo llamado Manuel Amat y Villegas. Este amor escandalizó Lima, principalmente, por el origen plebeyo de la muchacha, una mujer ilustrada y caritativa, a quien las lenguas envidiosas llamaban Perricholi.





GOBIERNO DEL VIRREY MANUEL GUIRIOR (1776-1780)



Antes de llegar al Perú, ejerció el cargo de Virrey de Nueva Granada durante cuatro años. Recibió con beneplácito su traslado al Perú, llegando a Lima a mediados de 1776.

Apenas instalado en el palacio recibió la noticia de la creación del Virreinato del Río de la Plata, hecho que afectó notablemente la economía peruana. Todo el rico Alto Perú, incluyendo los corregimientos de Puno, pasaron a poder de Buenos Aires. Además, Lima fue obligada a financiar los gastos de la instalación del nuevo Virreinato.

En 1777 llegó a Lima José Antonio de Areche, Visitador General de la Real Hacienda y Tribunales del Reino, con la expresa misión de aumentar las rentas de la Corona y sanear la administración pública. El Visitador incrementó las alcabalas, creó las aduanas terrestres y empadronó a los mestizos para que paguen tributo como los indios. Su maneras autoritarias y su menosprecio por los funcionarios criollos le valieron serios enfrentamientos con el Virrey Guirior. El Visitador emprendió una campaña e desprestigio contra Guirior ante la Corte, logrando su destitución en 1780.

El incremento de los impuestos y los repartos mercantiles de los corregidores ocasionaron muchas rebeliones en diversas provincias como Chumbivilcas (Cusco), Huamalies (Huanuco), Huaylas y Conchucos (Ancash). Las agitaciones y protestas se propagaron en todo Arequipa y en el Cusco se descubrió la Conspiración de los Plateros, dirigidas por Lorenzo Farfán de los Godos y Bernardo Tambohuacso, el cacique de Písac. Las autoridades reprimieron a sangre y fuego todos estos movimientos rebeldes donde estaban involucrados indígenas, mestizos y criollos, afectados todos por las reformas fiscales del Visitador, y auspiciadas por la Corona.



Uno de los hechos más importantes del rey Carlos III fue la liberalización del comercio colonial. El decreto de Libre Comercio de 1778 se legalizó el comercio entre trece puertos españoles y 22 puertos americanos. El objetivo era favorecer el crecimiento económico de las regiones descuidadas por las viejas rutas monopólicas y convertirlas en nuevas fuentes de materias primas y mercados para las manufacturas españolas.



El comercio entre la metrópoli y las colonias se quintuplicó en una década. En América los más favorecidos fueron los mercaderes afincados en Buenos Aires y Valparaiso. Aunque el libre comercio fue resistido por los comerciantes limeños, no significó la destrucción de la importancia comercial del Callao o de Lima.



Según Jhon Fisher, aún con la fuerte competencia de los bonaerenses y chilenos, el Perú mantuvo su hegemonía comercial en Amércia del Sur hasta el ocaso de la etapa colonial. A pesar del gran crecimiento mercantil de otros puertos sudamericanos, el Perú controló casi el 15 º/o de las exportaciones a España, superando al Río de la Plata que tenía el 12 º/o, y a Venezuela con el 10 º/o.



Como ya mencionamos, los reyes borbones favorecieron las expediciones de carácter científico a las colonias. En 1778 echó anclas en el Callao el navío "El Peruano" que traía a los renombrados naturalistas Hipólito Ruiz y José Pavón acompañadosde otros sabios ilustrados españoles. El objetivo era hacer estudios botánicos, zoológicos y minerológicos en el Perú y Chile.

Después de diez años de intensas investigaciones los científicos retornaron a España llevandose 53 cajones con especies vegetales y animales, 800 dibujos. Ruiz y Pavón luego publicaron en España la famosa obra "Flora peruviana et chilensis".





En 1777 se firmó el Tratado de San Ildefonso, entre España y Portugal. Un acuerdo de trascendencia contienental, por el cual ambas potencias establecieron nuevos límites para sus dominios en Sudamérica. Al declararse nulo el viejo Tratado de Tordesillas, España cedió inmensos territorios amazónicos, que habían sido colonizados por los lusitanos. Como contraparte Portugal cedió la estratégica y disputadísima Colonia del Sacramento (Banda Oriental, Uruguay).



En 1780 el virrey Guirior fue relevado de su cargo y tuvo que regresar a España, para beneplácito del poderoso visitador Areche. El mismo año desembarcó en el Callao el sucesor, Agustín de Jauregui.


GOBIERNO DEL VIRREY AGUSTÍN DE JÁUREGUI (1780-1784)



El 20 de julio de 1780 Lima recibió al virrey Agustín de Jáuregui y Aldecoa, un militar de brillante carrera que, antes de venir al Perú, había gobernado Chile durante siete años.

Todavía no terminaban en Lima los agasajos de recepción al nuevo virrey cuando estalló en Tungasuca (al sur del Cusco) la gran rebelión del cacique José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II.

El jefe rebelde era descendiente directo de los incas del Tahuantinsuyo. Tupac Amaru I, su antepasado, fue el último Inca de Vilcabamba, el mismo que fuera decapitado por orden del virrey Toledo en 1572. Túpac Amaru II, en 1780, era cacique de Tungasuca, Surimana y Pampamarca, y gozaba de propiedades, negocios y prestigio en la región del Cusco. Se sublevó a los 40 años, cansado de los excesos de los despóticos corregidores -los repartos mercantiles- y las imposición de las reformas del Visitador Areche (aduanas, alacabalas, tributos).

El espacio sur andino había sido la región más afectada con la creación del Virreinato del Río de la Plata y la liberalización del comercio decretada por Carlos III. En este contexto el incremento de la presión fiscal agudizó las contradiciones sociales. Desde 1778 José Gabriel Condorcanqui organizó una red de conspiración con objetivos cada vez más radicales.





El 4 de noviembre de 1780 estalló la sublevación. Túpac Amaru capturó y condenó a la horca al corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga; el mismo día, delante de miles de seguidores en Tungasuca, anunció la abolición de las mitas, alcabalas y corregimientos. Además, liberó a miles de indios de los obrajes y decretó el fin de la esclavitud de los negros.

El corregidor del Cusco, Tiburcio Landa, emprendió campaña contra el cacique, dirigiendo una fuerza de tres mil hombres. Túpac Amaru lo destruyó sus tropas en la batalla de la batalla de Sangarará. Sin embargo, extrañamente, emprendió campaña al Alto Perú, cuando tenía practicamente en sus manos a la ciudad del Cusco.

En Lima las autoridades coloniales se aprestaron para el combate. El Virrey Jauregui envió tropas al mando del capitán Gabriel de Avilés. Estas fuerzas tomaron el Cusco y rebelieron el ataque tupacamarista en enero de 1781. Poco después llegaron el visitador Areche y el brigadier José del Valle quienes, apoyados por el cacique Mateo Pumacahua, vencieron a los rebeldes en Checacupe y Combapata (Tinta, Cusco).

La represión fue indiscriminada y llegó a su punto culminante cuando el 18 de mayo de 1781, el Inca, su esposa Micaela Bastidas y otros dirigentes fueron descuartizados. El Perú fue pacificado a sangre y fuego. Los últimos líderes indígenas del levantamiento -Túpac Katari, Diego Cristobal Túpac Amaru y Pedro Vilca Apaza- fueron torturados y asesinados horrendamente entre 1781 y 1783.









El virrey Jáuregui terminó su gobierno el 3 de abril de 1784, pero a fines del mismo mes murió de un ataque de apoplejía. Fue enterrado en la iglesia de Santo Domingo, en Lima.


GOBIERNO DE TEODORO DE CROIX (1784-1790)



Asumió el gobierno en abril de 1784, cuando el nuevo visitador general, Jorge de Escobedo y Alarcón, se aprestaba a implementar en el Perú un nuevo sistema administrativo: las intendencias.

Escobedo, por encargo del Ministro de Indias José de Gálvez, abolió los aborrecidos corregimientos. Los corregidores con su corrupción y despotismo habían provocado muchas rebeliones en América, incluyendo la que lideró Túpac Amaru II. Era urgente la renovación del sistema administrativo en el Perú con el nombramiento de magistrados selectos y con salarios adecuados.

En 1784 el Perú fue dividido en 7 intendencias (tipo departamentos): Lima, Trujillo, Tarma, Huancavelica, Huamanga, Arequipa y Cusco. Estas juridicciones de gobierno estaban a cargo de los Intendentes, quienes debían velar por la recaudación tributaria y el mantenimiento del orden. La Corona les asignó buenos sueldos, pero les prohibió hacer negocios o repartos mercantiles.



Cada intendencia se dividía en partidos (tipo provincias) que eran administrados por los subdelegados. Estos también estaban prohibidos de hacer repartos mercantiles; sin embargo, la mayor parte de ellos incumplían la ley y cometían tantas tropelías como los antiguos corregidores.

El visitador Escobedo estableció que la Superintendencia de la Real Hacienda pase a manos del Intendente de Lima. Este hecho provocó la reacción del Virrey De Croix, quien consiguió restituir este importante título a su autoridad en 1787.



Otro hecho de gran trascendencia fue la creación de la audiencia del Cusco. Un nuevo tribunal de justicia anhelado por los habitantes sur andinos, reclamado, inclusive, por Túpac Amaru II. Al fin se establecía un órgano de gobierno y de justicia que atendiera las necesidades del Perú meridional. A la vez, la Corona podía controlar mejor la convulsionada y estratégica región.



En marzo de 1790, Teodoro de Croix consiguió el permiso para retornar a España. Antes de partir le entregó el mando al nuevo virrey del Perú, don Francisco Gil de Taboada.


BIBLIOGRAFÍA

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El Perú borbónico, 1750-1824. Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 2000.

MILLONES, Luis
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Historia general de los peruanos, Tomo 2. Sociedad Académica de Estudios Americanos, Lima.

ROEL, Virgilio
Historia social y económica de la colonia. G. Herrera editores, Lima 1985.

VARGAS Ugarte, Rubén
Perú Histórico, Tomo 3. Editorial Milla Batres, Lima.

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